En la ciudad de Resistencia se realizó el acto de reparación simbólica en el que el Gobierno de la Provincia del Chaco pidió perdón a la joven LNP, reconociendo no haber atendido su pedido de justicia tras haber denunciado ser víctima de una violación.
El acto se realizó el 23 de abril en la sede de la Universidad Popular y estuvieron presentes la doctora María Luisa Lucas, Ministra del Superior Tribunal de Justicia, Hugo Jenefes del Tribunal de Cuentas, Francisco Romero, presidente del Instituto de Cultura y subsecretario de Cultura de la provincia, la diputada provincial Inocencia Charole, Julio García de la Dirección Provincial de Defensa de la Democracia y el Ciudadano, la doctora Susana Chiarotti, directora del INSGENAR, Daniel Fogar de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, el comisario mayor Fernando Barrero y el comisario inspector Pascual Gabriel Sosa de la policía provincial, Maider Orta de UNIFEM, Lidia Ayala del Ministerio de Educación, Wilma Molina del área de la Mujer, Darío Gómez del Inadi local, la doctora Ana González del Inadi a nivel nacional, representaciones de distintas ONG, familias de aborígenes, Todo el acto fue traducido por el escritor Qom, Lorenzo Orlando Sánchez.
El pedido de perdón del Gobierno de la Provincia del Chaco estuvo a cargo de Francisco Romero.
Por su parte, Julio García confirmó el depósito en el Banco Nación de Castelli del importe de quinientos pesos correspondiente a una beca por estudios así como la entrega el 15 de mayo de la primera de las tres cuotas en la que se abonará la indemnización solicitada.
Entregó a la joven la Resolución Nº 307/09 de la Intendencia Municipal de Juan José Castelli en la que se establece “Afectar y transferir la titularidd del predio fiscal identificado como Parcela 21- Manzana 02- Qta Nº 60 según Catastro- Circunscripción I- Sección B de la ciudad de Juan José Castelli a nombre de LNP...” y aseveró que en 30 días comenzaría a construirse la vivienda.
La entrega de un cuadro especialmente pintado para ella y un ramo de flores, muchas sonrisas, lágrimas y abrazos dieron fin a una ceremonia cargada de emotividad, especialmente durante las palabras de la diputada Qom Inocencia Charole quien lo hizo en su propio idioma. Seguramente, el uso de la lengua aborigen en un acto oficial conlleva una reinvindicación de quienes de ser dueños de la tierra y su destino pasaron a una historia de sometimiento y humillaciones.
El caso LNP fue llevado ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas por las doctoras Susana Chiarotti del Instituto de Género, derehco y Desarrollo (Insgenar) y María Gabriela Filoni del Comité de América Latina y el Caribe para la defensa de los derechos de las mujeres (CLADEM).
El caso fue declarado admisible por el Comité el que solicitó explicaciones a la Cancillería Argentina y ésta, a su vez, al gobierno chaqueño.
El Instituto del Aborigen Chaqueño declaró el Caso LNP como el “Paradigma del Avasallamiento de los Derechos Humanos de la Mujer Indígena”, a la vez que resalta la actitud del gobierno de la Provincia del Chaco de reconocer los errores cometidos y advierte a las autoridades de los tres pdoeres que este caso no constituye un hceho aislado.
Asimismo, el Superior Tribunal de Justicia acordó con las peticionarias la realización de un seminario de capacitación para funcionarios judiciales para erradicar los estereotipos de género que dificultan el acceso a la justicia de las mujeres y, especialmente, de las mujeres pertenecientes a pueblos originarios. La actividad está prevista para el mes de setiembre.
CRIMEN SIN CASTIGO
El 3 de octubre del 2003, LNP, 15 años, salió con su amiga GC a pasear por la plaza de El Espinillo. A esa misma hora, tres muchachos, Humberto Darío Rojas, Lucas Gonzalo Anriquez y Leonardo Javier Palavecino -conocidos de la muchacha- se encontraban en ese lugar, bebiendo cerveza. Uno de ellos, Javier, la llama por su nombre, razón por la cual la adolescente se detiene, mientras que su amiga iba hasta su casa a buscar un termo para tomar tereré. Javier le propone ser novios y hacer el amor esa noche, a lo que ella se niega, respuesta que provoca el enojo del joven quien la toma del brazo y por la fuerza. “Tironeándome me llevó por el costado de la Iglesia hacia la parte posterior donde hay poca luz, me coloca de espalda contra la pared y me decía que me desprenda el pantalón que me iba a hacer el amor, a lo que yo le decía que me deje que me iba a mi casa, pero él no me soltaba, me agarraba cada vez más fuerte los dos brazos, a lo que alcanzo a gritar pidiendo ayuda pero Javi me tapó la boca para que no gritara y en eso llegaron los otros dos, Darío y Lucas, éstos al llegar se reían de lo que estaba pasando, luego se acercó Darío Rojas me agarró de mi brazo derecho y me apretaba contra la pared, en eso, Javi Palavecino me bajó el pantalón jean y la bombacha, previo a desprenderme el botón hasta debajo de la rodilla, luego Darío me soltó y Javi Palavecino me colocó contra una ventana que hay en la Iglesia y me decía que me agache y como yo no quería me agarró de la cabeza y me la golpeó contra la ventana, y quería que yo le chupara su pene pero yo le decía que no y continuó golpeándome contra la ventana por lo que tuve que chuparle, luego me puso sus dos manos juntas encimadas a la altura del pecho y me hacia fuerza contra la ventana luego se bajó su short y con su pene me penetró en la cola con fuerza, sin haberme penetrado en la vagina, yo sentí un fuerte dolor, me penetró unos diez minutos luego sacó su pene de su cola y sentía que le caía un líquido caliente por mi pierna y al mirarme era sangre, por lo que yo me asusté, yo les preguntaba a ellos por la sangre y ellos se reían, luego ellos se fueron del lugar y yo me fui a la policía a dar aviso de lo que había ocurrido”, relató la joven según consta en la declaración testimonial. (Expediente Nº 72/2004).
Los criminales, para liberarla le hicieron prometer que no diría nada. Pero apenas la soltaron corrió hasta la comisaría
Durante más de tres horas la policía la tuvo de pie, cruzada por el dolor, agotada de injusticia. Recién cuando se cansaron de su llanto accedieron a tomarle la denuncia. Luego la llevaron al Puesto Sanitario pero el médico de guardia se limitó a revisarla y la mandó a su casa. Eran las cuatro de la madrugada. Hacía rato que sus parientes se habían movilizado para buscarla. Tal vez, porque sus familiares y gran parte de la comunidad toba de Espinillo hervían de indignación, pocos minutos después los violadores fueron detenidos.
Ninguno de los imputados fue investigado con la profundidad y desde el punto de vista de la moral personal como se investigó a la víctima. Entre otras medidas, enviaron a una Asistente Social de la Oficina del servicio Social de Castelli, Susana Noemí Sánchez, al pueblo, no sólo a interrogar a la adolescente y a su madre, a investigar su casa, sino también a preguntar a los vecinos sobre la víctima, su familia y su moral.
Como Palavecino -quien nunca negó su participación en el hecho- reiteró una y mil veces que la niña había dado su consentimiento y que además era una prostituta con quien había ya tenido relaciones en la gomería del pueblo, se tomó testimonial al dueño de ese negocio. En esa oportunidad, esta persona no sólo niega que hechos de esta naturaleza hubiesen ocurrido sino que además declara que ”la madre del chico Palavecino fue a verme para que yo declare a favor de su hijo y yo le dije que no que iba a contestar con la verdad lo que me pregunten, porque yo llevo en el corazón una herencia de respeto que me dejó mi padre, yo tengo hijos y no quiero que a ellos les pase lo mismo”.
Tres personas testimonian haber observado los hechos y vieron como los tres imputados “la agarraron entre los tres, la dejaron desnuda, le taparon la boca, la recostaron contra la pared y la tenían agarrada allí”. Sin embargo, la defensa de los acusados dice -y la sentencia repite- que los dichos de los tres testigos “son descabelladas, que dicen lo que no dice ni la damnificada, ni la madre de ésta porque la razón de esto es el recelo y la discriminación propia de esa zona entre criollos y aborígenes”.
A pesar de haberse probado el acceso carnal violento, los jueces consideran que “no se debe confundir la violación con la violencia propia de un acto sexual”. Las heridas sufridas por la víctima son atribuidas al “ímpetu con que se intenta la penetración” y a la juventud del sujeto activo, edad en que la excitación sexual suele ser mucho más impetuosa y más aún ante la ingesta alcohólica- que fue reconocida por el autor y constatada por el médico- que suele producir mayor desenfreno”.
La Defensa de Palavecino dice que las lesiones constatadas en el pene del imputado y el ano de la víctima “se pueden deber a otras causas como una mala posición o el tamaño del pene”.
Oportuno resulta destacar el informe del doctor Néstor Walter Fernández, médico jefe del Puesto sanitario, quien examinó a la víctima a horas de acaecido el hecho “Al momento del examen físico clínico se constata fisura anal en hora 12 que interesa piel y mucosa anal, de donde hay salida de sangre roja rutilante líquida. Se constatan escoriaciones, que afecta piel y mucosa en hora 6 y aproximadamente de 3 a 4 cm, al tacto anal y rectal con dedo enguantado se produce intenso dolor y se constata presencia de sangre roja rutilante líquida que mancha guante, en el examen de vulva no se constata lesiones, falta membrana himeneal de larga data”.
Cabe preguntarse qué concepción tiene los jueces y la defensa de lo que consiste una relación sexual consentida si nos encontramos ante semejantes daños. Ni la juventud, ni el tamaño del pene, ni la ingesta de alcohol provocan estas consecuencias. Sólo la violencia de la violación.
La “imprecisiones, dubitaciones y discrepancias” de la niña son motivo de duda para el Tribunal, al mismo tiempo que las discrepancias en la declaración indagatoria del imputado “si bien afectarían en cierto modo la credibilidad de sus dichos, bajo punto de vista alguno puede llevar a reforzar la idea de la violencia en el acto sexual”.
Los violadores fueron absueltos y el caso no fue apelado.